martes, 11 de diciembre de 2018

Degustando la Pomum III.


“El que no sabe llevar su contabilidad, por espacio de tres mil años, se queda como, un ignorante en la oscuridad, Y sólo vive al día”
Goethe.


Estimados lectores.

Aquí estoy de nuevo. He aquí unos comentarios más de introducción. ¿Dije ya que lo único que necesitamos para ser buenos filósofos es la capacidad de asombro? Si no lo dije, lo digo ahora: LO ÚNICO QUE NECESITAMOS PARA SER BUENOS FILÓSOFOS ES LA CAPACIDAD DE ASOMBRO.

Todos los niños pequeños tienen esa capacidad. No faltaría más. Tras unos cuantos meses, salen a una realidad totalmente nueva. Pero conforme van creciendo, esa capacidad de asombro parece ir disminuyendo. ¿A qué se debe? ¿Conocen la respuesta a esta pregunta?

Veamos: si un recién nacido pudiera hablar, seguramente diría algo de ese extraño mundo al que ha llegado. Porque, aunque el niño no sabe hablar, vemos cómo señala las cosas de su alrededor y cómo intenta agarrar con curiosidad las cosas de la habitación.

Cuando empieza a hablar, el niño se para y grita «guau, guau» cada vez que ve un perro. Vemos cómo da saltos en su cochecito, agitando los brazos y gritando «guau, guau, guau, guau». Los que ya tenemos algunos años a lo mejor nos sentimos un poco agobiados por el entusiasmo del niño. «Sí, sí, es un guau, guau», decimos, muy conocedores del mundo, «tienes que estarte quietecito en el coche». No sentimos el mismo entusiasmo. Hemos visto perros antes.

Quizás se repita este episodio de gran entusiasmo unas doscientas veces, antes de que el niño pueda ver pasar un perro sin perder los estribos. O un elefante o un hipopótamo. Pero antes de que el niño haya aprendido a hablar bien, y mucho antes de que aprenda a pensar filosóficamente, el mundo se ha convertido para él en algo habitual. ¡Una pena, digo yo!

Lo que a mí me preocupa es que inclusos personas selectas seas de los que toman el mundo como algo asentado. Para asegurarnos, vamos a hacer un par de experimentos mentales, antes de iniciar el curso de filosofía propiamente.

Imagina que un día estás de paseo por el bosque. De pronto descubres una pequeña nave espacial en el sendero delante de ti. De la nave espacial sale un pequeño marciano que se queda parado, mirándote fríamente. ¿Qué habrías pensado en un caso así?

Bueno, eso no importa, ¿pero se te ha ocurrido alguna vez pensar que tú eres el marciano? Es cierto que no es muy probable que te vayas a topar con un ser de otro planeta. Ni siquiera sabemos si hay vida en otros planetas. Pero puede ocurrir que te topes contigo mismo.

Puede que de pronto un día te detengas, y te veas de una manera completamente nueva. Quizás ocurra precisamente durante un paseo por el bosque. Soy un ser extraño, pensarás. Soy un animal misterioso. Es como si te despertaras de un larguísimo sueño, como la Bella Durmiente.

¿Quién soy?, te preguntarás. Sabes que gateas por un planeta en el universo. ¿Pero qué es el universo? Si llegas a descubrirte a ti misma de ese modo, habrás descubierto algo igual de misterioso que aquel marciano que mencionamos hace un momento. No sólo has visto un ser del espacio, sino que sientes desde dentro que tú misma eres un ser tan misterioso como aquél.

Hagamos otro experimento mental. Una mañana, la madre, el padre y el pequeño Tomas, de dos o tres años, están sentados en la cocina desayunando. La madre se levanta de la mesa y va hacia la encimera, y entonces el padre empieza, de repente, a flotar bajo el techo, mientras Tomás se le queda mirando. ¿Qué crees que dice Tomás en ese momento? Quizás señale a su papá y diga: « ¡Papá está flotando!».

Tomás se sorprendería, naturalmente, pero se sorprende muy a menudo. Papá hace tantas cosas curiosas que un pequeño vuelo por encima de la mesa del desayuno no cambia mucho las cosas para Tomás. Su papá se afeita cada día con una extraña maquinilla, otras veces trepa hasta el tejado para girar la antena de la tele, o mete la cabeza en el motor de un coche y la saca negra.

Ahora le toca a mamá. Ha oído lo que acaba de decir Tomás y se vuelve decididamente. ¿Cómo reaccionará ella ante el espectáculo del padre volando libremente por encima de la mesa de la cocina? Se le cae instantáneamente el frasco de mermelada al suelo y grita de espanto.

Puede que necesite tratamiento médico cuando papá haya descendido nuevamente a su silla. (¡Debería saber que hay que estar sentado cuando se desayuna!) ¿Por qué crees que son tan distintas las reacciones de Tomás y las de su madre? Tiene que ver con el hábito. (¡Toma nota de esto!) La madre ha aprendido que los seres humanos no saben volar. Tomás no lo ha aprendido. El sigue dudando de lo que se puede y no se puede hacer en este mundo.

¿Pero y el propio mundo? ¿Crees que este mundo puede flotar? ¿También este mundo está volando libremente? Lo triste es que no sólo nos habituamos a la ley de la gravedad conforme vamos haciéndonos mayores. Al mismo tiempo, nos habituamos al mundo tal y como es. Es como si durante el crecimiento perdiéramos la capacidad de dejarnos sorprender por el mundo.

En ese caso, perdemos algo esencial, algo que los filósofos intentan volver a despertar en nosotros. Porque hay algo dentro de nosotros mismos que nos dice que la vida en sí es un gran enigma. Es algo que hemos sentido incluso mucho antes de aprender a pensarlo.

Puntualizo: aunque las cuestiones filosóficas conciernen a todo el mundo, no todo el mundo se convierte en filósofo. Por diversas razones, la mayoría se aferra tanto a lo cotidiano que el propio asombro por la vida queda relegado a un segundo plano. (Se adentran en la piel del conejo, se acomodan y se quedan allí para el resto de su vida.)

Para los niños, el mundo –y todo lo que hay en él- es algo nuevo, algo que provoca su asombro. No es así para todos los adultos. La mayor parte de los adultos ve el mundo como algo muy normal. Precisamente en este punto los filósofos constituyen una honrosa excepción.

Un filósofo jamás ha sabido habituarse del todo al mundo. Para él o ella, el mundo sigue siendo algo desmesurado, incluso algo enigmático y misterioso. Por lo tanto, los filósofos y los niños pequeños tienen en común esa importante capacidad.

Existen tantas cosas por aprender del mundo que no se puede dar algo por echo o por sentado, es menester que siempre existan las interrogantes y luchar por conseguir la respuesta, en caso contrario es como mostrar la bandera blanca en el campo de batalla es la rendición y la entrada a la Matrix

Se podría decir que un filósofo sigue siendo tan susceptible como un niño pequeño durante toda la vida. De modo que puedes elegir. ¿Son unos niños pequeños que aún no han llegado a ser los perfectos conocedores del mundo? ¿O son unos filósofos que puede jurar que jamás lo llegará a conocer? Si simplemente niegas con la cabeza y no te reconoces ni en el niño ni en el filósofo, es porque tú también te has habituado tanto al mundo que te ha dejado de asombrar. En ese caso corres peligro. Por lo que es mejor que sigas esta secuencia de artículos.

No quiero que estés entre los indolentes e indiferentes. Quiero que vivas una vida despierto, seguramente ya hemos sido habituados a no pensar de manera filosófica, debido a que la cotidianidad diaria nos emerge en un mundo de “pensar en cosas importantes”, las personas cotidianas alegan que la economía, la política, trabajo. Familia y estudios son las “cosas importantes”

Sin embargo, nada de eso existiría si no estuviéramos aquí entonces ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué motivo nos ata? ¿Cuál es la verdadera función? ¿Sabían que la mayoría de las tecnologías, el conocimiento y lo que hace que exista todo aquellos que consideramos importantes fueron propiciados principalmente por filósofos?

Si no hubiese sido por pensamientos filosóficos, no hubiésemos indagado sobre el universo, lo que no hubiese originado ni los horóscopos, ni la astronomía, la necesidad de tener mayor tecnología para hacer avances científicos, realizo los maquinarias que existen hoy, el pesar de que las enfermedades no eran originadas por demonios o entes, inicio la medicina, entre otras cosas, todo lo que nos rodea, lo que tanto valoramos se inició por pensamientos filosóficos.

Somos tan egoístas que cuando conocemos, leemos o escuchamos hablar o pesar a alguien filosóficamente lo etiquetamos como loco, o decimos: “eso es para locos” “realmente no es de mi interés”, sin embargo, cuando eso da frutos entonces recogemos el resultados, es por ello que la sociedad está sucumbiendo cada día más en la decadencia de sí misma.

Un breve resumen: se puede sacar un conejo blanco de un sombrero de copa vacío. Dado que se trata de un conejo muy grande, este truco dura muchos miles de millones de años. En el extremo de los finos pelillos de su piel nacen todas las criaturas humanas. De esa manera son capaces de asombrarse por el imposible arte de la magia.

Pero conforme se van haciendo mayores, se adentran cada vez más en la piel del conejo, y allí se quedan. Están tan a gusto y tan cómodos que no se atreven a volver a los finos pelillos de la piel. Solo los filósofos emprenden ese peligroso viaje hacia los límites extremos del idioma y de la existencia.

Algunos de ellos se quedan en el camino, pero otros se agarran fuertemente a los pelillos de la piel del conejo y gritan a todos los seres sentados cómodamente muy dentro de la suave piel del conejo, comiendo y bebiendo estupendamente: –Damas y caballeros –dicen–. Flotamos en el vacío. Pero esos seres de dentro de la piel no escuchan a los filósofos. – ¡Ah, qué pesados! –dicen. Y continúan charlando como antes: –Dame la mantequilla. ¿Cómo va la bolsa hoy? ¿A cómo están los tomates? ¿Has oído que Lady Di espera otro hijo?

Te invito a ver  el mundo tal cual es, desde el extremo del pelaje del conejo, quiero que lo veas como si fuera la primera vez, no dejarte en el mundo de la indiferencia de la vida cotidiana.

¿No te parece extraño vivir?, ¿no te parece extraño que exista un mundo? ¿O es totalmente normal que exista? ¿Qué pasaría si le haces estas preguntas a algún amigo? ¿Qué te respondería un familiar? ¿Crees que ya dan el mundo como lago por sentado? ¿Estarán ya tan habituados al mundo que han perdido la capacidad de asombro?

Seguramente si comienzas de un momento al otro a realizar esta clase de preguntas, pensaran que estás loca o que te drogas, lo que te demostraría que la percepción de la mayoría de los humanos está completamente errada.


Algunas textos son extraídas o parafraseadas del libro "El mundo de Sofría" de Jostein Gaarder


No hay comentarios:

Publicar un comentario